XXI
EN EL CARROUSEL DEL LOUVRE
Por: Alfonso Bullé Goyri Fotos: XXI Bienal de los Anticuarios

urante los diez días que permaneció abierta al público la Bienal de los Anticuarios, celebrada en París el otoño pasado, hubo una asistencia de 50 mil personas aproximadamente. La cifra es reveladora y, por lo demás, nos ofrece una idea aproximada del interés que eventos de esta naturaleza despiertan entre los amantes del arte. Anticuarios y coleccionistas de todo el mundo se dieron cita en el Carrousel del Louvre, en el 99 de la Rue de Rivoli. Los visitantes tuvieron una magnífica oportunidad de admirar todo tipo de objetos de arte expuestos por 113 participantes invitados, representantes a su vez de las casas de antigüedades más prestigiadas del orbe. La “Ciudad Luz" durante esos días se convirtió en la capital internacional de las antigüedades. En efecto, una muestra de semejante índole no admite ningún otro apelativo para esa hermosa metrópoli que siempre nos sorprende y sin duda es la sede del arte universal.

A pesar de la recesión mundial y la desfavorable coyuntura bursátil de Europa y de los Estados Unidos, la xxi edición de la Bienal de los Anticuarios demostró que el errático comportamiento de la economía global no constituye un impedimento de peso para menguar el entusiasmo en el mundo del arte y de las antigüedades. Además de coleccionistas reconocidos, un buen número de empresarios y hombres de negocios acudieron, ávidos por adquirir piezas de insólita factura para sus mansiones y casas solariegas. Los organizadores de la bienal demostraron un impresionante despliegue de eficiencia, y como resultado se logró el más alto grado de calidad. Fueron exhibidas cerca de 7 000 obras de arte, entre pinturas, dibujos y esculturas ejecutadas antes de 1930. Asimismo, fueron mostrados 1 350 muebles, cerca de 800 objetos de arte y accesorios donde se revela la maestría y el dominio de los viejos artesanos, entalladores y ebanistas europeos. Se exhibieron poco más de 1 000 porcelanas y esculturillas que conmovieron a los coleccionistas y público visitante. No faltaron libros singulares que despertaron el nerviosismo de bibliófilos viajeros en busca de incunables. Un constante interés entre los entendidos visitantes del Carrousel del Louvre se avivó al observar la exposición de monedas. Un total de 630 piezas de arte oriental dieron un toque exótico a la bienal. Entre 150 piezas de arte africano y 50 de arte prehispánico, destacaron un conjunto de máscaras de gran valor. No faltaron joyas y tapicería que complementaron un conjunto exuberante, rico en formas y estilos correspondientes a distintos momentos en la historia de las artes.

La Bienal de los Anticuarios se lleva a cabo desde hace poco más de 40 años; es un evento de carácter comercial, donde los anticuarios más reconocidos del mundo se vinculan y establecen alianzas para permitir la circulación de obras de arte y, sin duda, es el circuito comercial más sofisticado y exclusivo de antigüedades ejecutadas en todos los tiempos y en los países más distantes y exóticos.
Jacques Perrin, presidente del Comité Organizador, comenta que ha advertido el espíritu que anima a los promotores de la bienal: exhortar a los participantes a presentar lo mejor de sus inventarios, exhibir las piezas más distintivas del país que representan y de la especialidad a la que se han dedicado.
Hervé Aarón, vicepresidente del Sindicato de Anticuarios (SNA), una de las organizaciones más serias y consistentes del viejo continente, agrupa a los anticuarios de toda Francia e impulsa la realización de la bienal. Este sindicato robustece el comercio del arte y de las antigüedades haciendo de esta actividad mercantil no sólo un negocio lucrativo sino también asegura que la adquisición de obras de arte cuente con los registros indispensables de autenticidad. De esta manera la bienal, avalada por el SNA, es un evento vigorizante y alentador que influye en el interés por el coleccionismo y por la adquisición de obras de arte.

Cabe agregar que la edición xxi de la bienal logró el más alto nivel de competencia. Justamente por ello, abrieron nuevos horizontes para visitantes no expertos que encontraron en el mundo de las antigüedades una posibilidad inexplorada, un mundo fascinante donde se desarrolla y perfecciona el gusto por el arte. Los anticuarios juegan un papel de trasmisores; vinculan las formas de creación de los artistas y artesanos de otras épocas con el hombre moderno, adiestrado a recibir y procesar enormes volúmenes de información. En un espacio, en el bazar o en la casa de antigüedades, el interesado puede internarse en un mundo ajeno a su experiencia, un mundo que sin embargo está lleno de imaginación, de virtuosismo, de rigor estético que lo desafía y lo cautiva. La bienal viene a fusionar el espíritu del arte de distintos periodos. Lo particular se universaliza, lo singular adquiere carta de naturalización en el orden de las generalidades y el arte es el puente. En fin, las artes aplicadas alcanzan preeminencia y se constituye, asimismo, en el camino que fusiona a espíritus con muy distintas costumbres y percepciones de la vida. Para encontrar nuevamente lo mejor del arte universal tendremos que aguardar a la edición programada para el otoño del 2004.

Gisèle Croës
54 Boulevard de Waterloo
1000, Bruxelles
Tel: 322 511 82 16
Fax: 322 514 04 19
 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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