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los diez días que permaneció abierta al público la
Bienal de los Anticuarios, celebrada en París el otoño pasado,
hubo una asistencia de 50 mil personas aproximadamente. La cifra es reveladora
y, por lo demás, nos ofrece una idea aproximada del interés
que eventos de esta naturaleza despiertan entre los amantes del arte.
Anticuarios y coleccionistas de todo el mundo se dieron cita en el Carrousel
del Louvre, en el 99 de la Rue de Rivoli. Los visitantes tuvieron una
magnífica oportunidad de admirar todo tipo de objetos de arte expuestos
por 113 participantes invitados, representantes a su vez de las casas
de antigüedades más prestigiadas del orbe. La “Ciudad
Luz" durante esos días se convirtió en la capital internacional
de las antigüedades. En efecto, una muestra de semejante índole
no admite ningún otro apelativo para esa hermosa metrópoli
que siempre nos sorprende y sin duda es la sede del arte universal.
A pesar de la recesión mundial y la desfavorable coyuntura bursátil
de Europa y de los Estados Unidos, la xxi edición de la Bienal
de los Anticuarios demostró que el errático comportamiento
de la economía global no constituye un impedimento de peso para
menguar el entusiasmo en el mundo del arte y de las antigüedades.
Además de coleccionistas reconocidos, un buen número de
empresarios y hombres de negocios acudieron, ávidos por adquirir
piezas de insólita factura para sus mansiones y casas solariegas.
Los organizadores de la bienal demostraron un impresionante despliegue
de eficiencia, y como resultado se logró el más alto grado
de calidad. Fueron exhibidas cerca de 7 000 obras de arte, entre pinturas,
dibujos y esculturas ejecutadas antes de 1930. Asimismo, fueron mostrados
1 350 muebles, cerca de 800 objetos de arte y accesorios donde se revela
la maestría y el dominio de los viejos artesanos, entalladores
y ebanistas europeos. Se exhibieron poco más de 1 000 porcelanas
y esculturillas que conmovieron a los coleccionistas y público
visitante. No faltaron libros singulares que despertaron el nerviosismo
de bibliófilos viajeros en busca de incunables. Un constante interés
entre los entendidos visitantes del Carrousel del Louvre se avivó
al observar la exposición de monedas. Un total de 630 piezas de
arte oriental dieron un toque exótico a la bienal. Entre 150 piezas
de arte africano y 50 de arte prehispánico, destacaron un conjunto
de máscaras de gran valor. No faltaron joyas y tapicería
que complementaron un conjunto exuberante, rico en formas y estilos correspondientes
a distintos momentos en la historia de las artes.
La Bienal de los Anticuarios se lleva a cabo desde hace poco más
de 40 años; es un evento de carácter comercial, donde los
anticuarios más reconocidos del mundo se vinculan y establecen
alianzas para permitir la circulación de obras de arte y, sin duda,
es el circuito comercial más sofisticado y exclusivo de antigüedades
ejecutadas en todos los tiempos y en los países más distantes
y exóticos.
Jacques Perrin, presidente del Comité Organizador, comenta que
ha advertido el espíritu que anima a los promotores de la bienal:
exhortar a los participantes a presentar lo mejor de sus inventarios,
exhibir las piezas más distintivas del país que representan
y de la especialidad a la que se han dedicado.
Hervé Aarón, vicepresidente del Sindicato de Anticuarios
(SNA), una de las organizaciones más serias y consistentes del
viejo continente, agrupa a los anticuarios de toda Francia e impulsa la
realización de la bienal. Este sindicato robustece el comercio
del arte y de las antigüedades haciendo de esta actividad mercantil
no sólo un negocio lucrativo sino también asegura que la
adquisición de obras de arte cuente con los registros indispensables
de autenticidad. De esta manera la bienal, avalada por el SNA, es un evento
vigorizante y alentador que influye en el interés por el coleccionismo
y por la adquisición de obras de arte.
Cabe agregar que la edición xxi de la bienal logró el más
alto nivel de competencia. Justamente por ello, abrieron nuevos horizontes
para visitantes no expertos que encontraron en el mundo de las antigüedades
una posibilidad inexplorada, un mundo fascinante donde se desarrolla y
perfecciona el gusto por el arte. Los anticuarios juegan un papel de trasmisores;
vinculan las formas de creación de los artistas y artesanos de
otras épocas con el hombre moderno, adiestrado a recibir y procesar
enormes volúmenes de información. En un espacio, en el bazar
o en la casa de antigüedades, el interesado puede internarse en un
mundo ajeno a su experiencia, un mundo que sin embargo está lleno
de imaginación, de virtuosismo, de rigor estético que lo
desafía y lo cautiva. La bienal viene a fusionar el espíritu
del arte de distintos periodos. Lo particular se universaliza, lo singular
adquiere carta de naturalización en el orden de las generalidades
y el arte es el puente. En fin, las artes aplicadas alcanzan preeminencia
y se constituye, asimismo, en el camino que fusiona a espíritus
con muy distintas costumbres y percepciones de la vida. Para encontrar
nuevamente lo mejor del arte universal tendremos que aguardar a la edición
programada para el otoño del 2004.
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