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su vida René Magritte se preocupó por guardar las apariencias
cultivando un porte burgués. Le gustaba vestir con trajes oscuros
y solía llevar un elegante sombrero de hongo y un paraguas; objetos
usados satíricamente en algunos de sus cuadros. Pertenecer a una
burguesía sumamente conservadora, repercutió en su obra
al igual que el recuerdo trágico del suicidio de su madre.
René Magritte tomó sus primeras lecciones de pintura en
Lessines, Hainaut, su ciudad natal, y posteriormente en la academia de
Bellas Artes de Bruselas. Su primer empleo fue en una fábrica de
papel, donde aprendió a copiar e identificar todas las texturas
posibles de ese medio. También se dedicó a la producción
de posters y eslogans publicitarios. Empujado por deseos de cambio y liberación
se fue a París en 1927. Allí tuvo la suerte de conocer artistas
de vanguardia como André Breton, Joan Miró, Max Ernest y
Hans Arp.
Según las crónicas, cuando vio el cuadro metafísico
de Giorgio de Chirico Canción de Amor (1914) tuvo una revelación
artística que modificaría su modo de pintar para siempre.
Creó escenarios perfectos dentro de su imaginación. Mezcló
objetos incongruentes en contextos divertidos y sembró preocupación
en el espectador. Le gustaba desafiar convenciones establecidas y saltarse
“a la torera" las nociones académicas sin descuidar
la técnica figurativa.
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