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pesar de que la última muestra de las obras de Guadarrama en la
galería Oscar Román se propone bajo el encabezado Ser y
naturaleza, no es eso de lo que tratan sus exploraciones pictóricas.
Para Guadarrama la naturaleza es una ocupación, porque aunque aparezca
como escenario, el espectador intuye que es siempre una pantalla, un plano
más. (Llega a la certeza quien lo revisa cuando encuentra ese óleo
pequeñito titulado: Cielo de lino.) Es la naturaleza como concepto
y no como ambientación en lo que se enmarcan los cuerpos de Guadarrama.
Que tampoco son cuerpos en tanto seres individuales y aislados, son estudios
de potencial.Una y otra vez vemos en lienzos grandes y otros muy chicos,
ensayos plásticos del cuerpo en contorsión y extensión.
Son cuerpos volando en el espacio explorando a su vez el potencial de
quien los pinta. A veces recuerdan los estudios de Eadward Muybridge en
fotografía como antecedente del cinematógrafo. Aquí
sólo vemos un cuadro de cada escena, donde se congela, donde brinca,
donde vuela, donde se duele, donde se quedó solo.
La pintura de Javier Guadarrama aísla y se aísla dentro
de sí misma pintada de plantas, de costas y de cuerpos desnudos.
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