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perder la dimensión poética de la leyenda operística
original de Guisseppe Verdi, la Aida de Elthon John y Tom Rice, dirigida
por Robert Falls y Peter Schneider, cobra vida en un espectáculo
soberbio en efectos musicales y dancísticos sobre escenarios exóticos,
en el Palace Theatre de Broadway.
La guerra sin tregua entre Nubia y Egipto es el telón de fondo
de la odisea. Todo inicia cuando Radamés, capitán egipcio
del ejército regresa a su hogar mientras sus soldados capturan
a un grupo de mujeres nubias, entre ellas, Aida. Radamés la envía
como un regalo para la princesa de Egipto, Amneris, con quien ha prometido
casarse para poder gobernar su territorio. Pero Radamés se enamora
de Aida y quiere romper su compromiso sin lograrlo. Llega el día
de la boda y Radamés pretende liberar a su amada Aida. Amneris
descubre el plan y prepara una sentencia sin compasión para los
traidores.
El tono fantástico y melodramático enfatiza la pasión
de los amantes y su deber patriótico entre pugnas de poder, pasiones
humanas, conflictos políticos y prejuicios raciales.
Este espectáculo es visualmente propositivo. La estética
del vestuario y la utilería son una mezcla de estilos asiáticos
e hindúes en un entorno escenográfico abstracto, propuesto
por la diseñadora Natasha Katz. Los sentimientos van despertando
con el juego de los elementos en escena: figuras geométricas, variedad
de texturas e iluminación basada en contrastes y estallidos. La
imagen literal de un triángulo envolviendo a los tres amantes y
los palpitantes movimientos de los bailarines —dirigidos por el
coreógrafo Wayne Cliento, ganador del Tony— provocan sobresaltos
sensoriales. Es ahí donde está el verdadero encuentro con
la narración.
La cantante Nina Simone caracteriza a Aida, Adam Pascal es Radamés
y Felicia Finley hace el papel de Amneris. En conjunto se construye un
musical teatral, moderno y auténticamente serio, ostentoso y expresivo.
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