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la ladera oeste de la Cuenca de México, surge en el horizonte preclásico
mesoamericano, Tlatilco. Este prodigioso lugar estuvo constituido por
una serie de aldeas primitivas que florecieron entre el año 1500
y el 800 a.C. Durante ese periodo el Valle de México era una región
lacustre de fábula. Las primeras inmigraciones de grupos de cazadores
y recolectores que paulatinamente se fueron asentando, buscaron tierras
aptas para levantar un mundo. Con sentido práctico escogieron la
zona más apartada de las orillas del depósito de agua salobre,
siempre cargado de vahos venenosos y tóxicos que corroen la salud
y el bienestar de la comunidad. Ahí alzaron su cultura y erigieron
vida.
Se sabe poco acerca de las características fisionómicas
y culturales de los habitantes que fijaron su residencia en esa superficie
limitada por el río Totolica y el río Hondo. Todavía
hacia la segunda mitad del siglo xx, la comarca tenía una vocación
agrícola y era famosa por la prolífica fabricación
de ladrillos durante algunas décadas. Cuando nuestro insigne Miguel
Covarrubias trabajó en el área explorándola, aún
estaba a flor de piel. Hoy desgraciadamente ese aspecto se ha borrado
debido al desarrollo, la civilización y las necesidades del hombre
contemporáneo. Sus rastros están enterrados bajo los túneles
o bajo los gigantescos complejos industriales, los vestigios constituyen
el cimiento de las oficinas que albergan a un ejército de secretarias,
administradores y casas de Naucalpan, su nombre “moderno".
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