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se pretende crear, la dedicación es el elemento básico para
que todo lo soñado cobre vida. Óleos, poesías, piezas
labradas necesitan de un soplo de imaginación y persistencia. La
elaboración de bolsos no es la excepción. Sobre todo aquellos
que se consideran únicos porque han surgido de algo singular: la
piel. El secreto, a nadie pertenece, pero la fuerza y la belleza del objeto
que sale de los talleres Hermès, está vivo. Desde la materia
prima hasta llegar al escaparate, se produce un acontecimiento extraordinario,
un objeto a partir de elementos planos e inhertes se convierte en un bolso
elegante y novedoso.
Detenidas por la eternidad y sus defectos con ellas, las pieles son únicas,
diferentes e imperfectas. Un punto. Un punto entre los puntos. Los cientos
de puntos que reúnen los elementos de una bolsa, contienen la inversión
de toda la conciencia y la concentración del artesano que le da
vida. No se trata de un gesto mecánico, ya que es necesario controlar
irregularidades de la piel para otorgar a la costura su uniformidad. Así,
a lo largo de los puntos alineados con cuidado y destreza extrema, el
trabajador deja en el objeto creado su propio sentimiento y ensueño.
Para Hermès no existen límites, por eso pone a disposición
de los soñadores sus colecciones de 206 colores distribuidos en
15 tipos de pieles diferentes, identificadas por alguna cualidad. Ligereza
con ternero, refinamiento con cerdo, exotismo con avestruz, suavidad con
cordero, lujo con lagarto y prestigio con cocodrilo. Hermès se
encarga de proporcionar a las pieles con texturas exóticas el corte,
color y diseño adecuado. Es así como se elabora cada bolso.
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