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Saint Louis Art Museum presenta 65 óleos de Orazio y Artemisia
Gentileschi procedentes de los principales museos y colecciones privadas.
Organizado por el Metropolitan Museum de Nueva York y la Soprintendenza
per I Beni Artistici de Roma, la exposición pretende aclarar criterios
a partir de la comparación entre las obras del padre y la hija
puntualizando sus aportaciones al barroco italiano.
Debido a los sucesivos cambios estilísticos de ambos —padre
e hija—, muchos de los cuadros de Artemisia han sido atribuidos
a Orazio; e incluso a otros pintores de la época. A pesar de las
investigaciones, análisis y nuevas tecnologías, varias de
sus obras permanecen en una especie de limbo dando lugar a apasionados
debates y controvertidas atribuciones.
Hacia la segunda mitad del siglo xvi, Orazio Gentileschi (1563-1639)
era ya un pintor con renombre. Por aquel entonces Roma era la meca artística
gracias a los numerosos mecenas seculares y religiosos, promotores de
artistas italianos y extranjeros. Orazio sucumbió ante la obra
de Caravaggio cargada de contrastes lumínicos con los que conseguía
efectos dramáticos. Esta influenica marcó su carrera y permeó
la enseñanza hacia su hija. Despúes de residir en Roma,
pasa una temporada en Marches y posteriormente se embarca hacia Génova,
donde desarrolla la mejor etapa de su carrera. El uso de bellos colores
en texturas de telas sofisticadas con tratamiento naturalista le valió
para conseguir mecenazgos como el de María de Médecis o
en la corte de Carlos I de Inglaterra donde murió en 1639.
Artemisia Gentileschi (1593- 1652/3) por su parte, desde temprana edad
manifestó aptitudes para la pintura, donde aplicó sus conocimientos
de anatomía demostrando a los 17 años gran habilidad para
representar la figura humana. A pesar de sufrir una violación y
otras dificultades sociales por ser mujer, ella obtuvo por mérito
propio un lugar destacado en la historia del arte, incluso como la primera
mujer pintora de todos los tiempos. Para 1613 Artemisia se casa y cambia
de residencia a Florencia y posteriormente a Nápoles. Además
de dominar la técnica del claroscuro se dédico a adaptar
su estilo según el gusto de la época. Esta versatilidad
la llevó a obtener el apoyo de Felipe iv de España.
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