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función está a punto de iniciar. La gran carpa central se
ilumina y de repente, luces de colores, música y acróbatas
inundan el escenario. Cantantes, bailarines y payasos, maquillados y ataviados
de una manera fantástica con trajes resplandecientes ejecutan canciones,
coreografías y actos que nos dejan perplejos. Todos estamos sorprendidos
por la compañía Cirque du Soleil. ¿Quién no
recuerda los circos tradicionales? Aquellos a donde nos llevaban de pequeños
nuestros padres. Todavía existen y siguen alternando la participación
de seres humanos con animales. Pero ¿nos hubiéramos podido
imaginar un espectáculo circense sin animales…al menos reales?
Seguramente no.
El Cirque du Soleil, fundado en Canadá en 1984, por un grupo de
actores de la calle, es reconocido actualmente en todo el mundo por su
capacidad de maravillar al público. Guy Laliberté, miembro
fundador y actual director ejecutivo de la compañía, está
dispuesto a llevar el sueño que él y otros jóvenes
actores compartieron para la creación de este proyecto, por todo
el orbe. En realidad ya lo hacen, hoy por hoy siete shows distintos se
presentan simultáneamente en tres continentes: América,
Asia y Europa.
A México llegó por primera vez el pasado mes de octubre
y contagió su Alegría —nombre del espectáculo,
lleno de efectos mágicos, oníricos y fantásticos—
a quienes lo presenciamos. Bajo los 900 m2 cubiertos por la carpa, el
escenario se trasformó en una corte real. Percibimos cientos de
emociones proyectadas por 57 artistas de 13 diferentes países.
Las edades de los actores-acróbatas oscilan entre los 11 y 60 años,
pero detrás del mundo ficticio no lo adivinaríamos nunca.
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