Hacienda San Lorenzo

Pioneros de la vitivinicultura en América
Por: Renata Lira Larios    Fotos: Alfonso Corona
En primer plano un alebrije, arriba a la izquierda, parece invitarnos a disfrutar de la piscina de agua fresca de manatial encauzada por el largo surtidor. Vista del corredor techado con enredaderas, arriba, cuyo piso está adoquinado con piedras que forman parte de la colección de los antiguos petroglifos labrados por los primitivos habitantes de la región.

gua de manantial en abundancia, la elevación precisa sobre el nivel del mar y un clima y vegetación ideales dieron lugar a la profusión de vides silvestres en lo que actualmente conocemos como el Valle de Parras; un oasis en la zona desértica del estado de Coahuila donde hace casi cinco siglos naciera el primer vino americano. La popular bebida, de gran tradición alrededor del mundo, tuvo como antecedente en suelo indígena el vino de acachul, elíxir elaborado a base de uva, miel y otros frutos salvajes.

Este líquido seductor que emana del néctar de las vides, ha sido desde tiempos remotos objeto de interesantes y pintorescos mitos, leyendas, rumores, historias y millones de anécdotas. No se conoce con exactitud el momento en que se reveló su naturaleza embriagadora, pero es cierto que antes de convertirse en brebaje espiritual, sangre de Cristo y rito de comunión en la ceremonia católica, estuvo relacionado con actitudes paganas y celebraciones orgiásticas de la antigüedad.

De hecho, fueron los evangelizadores españoles quienes, iluminados por la tradición religiosa, encontraron el lugar ideal para cosechar la vid en América. La historia comienza en la región norte de México en el año de 1594, cuando una misión de sacerdotes jesuitas encabezados por Fray Pedro de Espinareda decidieron establecer el convento de Santa María de las Parras en un territorio especialmente generoso para el cultivo de cepas. Poco más tarde, y a pesar de la hostilidad de los nativos de la zona, Felipe ii, rey de España, otorgó una merced al valiente caballero don Lorenzo Gracia quien bajo la orden expresa de producir vino y brandy sentó sus reales en aquellas tierras, suceso que dio formal nacimiento a la Hacienda y Bodegas de San Lorenzo el 19 de agosto de 1597.

Las condiciones altamente propicias para el cultivo de la uva “misión" o “criolla", misma que originó viñedos desde México hasta el sudoeste de Estados Unidos, dieron como resultado un producto de alta calidad que no tardó en despertar el recelo de los españoles. Por temor a la competencia, la Corona instauró leyes que durante años (hasta la Independencia, en 1810) obstaculizaron el desarrollo pleno de la cultura vinícola en México. No obstante las inclemencias de la época, San Lorenzo sobrevivió como si el espíritu de Baco se hubiera apoderado de la hacienda, vigilante en todo momento de que nada impidiera que la tierra progenitora del primer vino de las Américas, se convirtiera en testigo y protagonista de la historia de la vitivinicultura mexicana.

 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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