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gua de manantial en abundancia, la elevación precisa sobre el nivel
del mar y un clima y vegetación ideales dieron lugar a la profusión
de vides silvestres en lo que actualmente conocemos como el Valle de Parras;
un oasis en la zona desértica del estado de Coahuila donde hace
casi cinco siglos naciera el primer vino americano. La popular bebida,
de gran tradición alrededor del mundo, tuvo como antecedente en
suelo indígena el vino de acachul, elíxir elaborado a base
de uva, miel y otros frutos salvajes.
Este líquido seductor que emana del néctar de las vides,
ha sido desde tiempos remotos objeto de interesantes y pintorescos mitos,
leyendas, rumores, historias y millones de anécdotas. No se conoce
con exactitud el momento en que se reveló su naturaleza embriagadora,
pero es cierto que antes de convertirse en brebaje espiritual, sangre
de Cristo y rito de comunión en la ceremonia católica, estuvo
relacionado con actitudes paganas y celebraciones orgiásticas de
la antigüedad.
De hecho, fueron los evangelizadores españoles quienes, iluminados
por la tradición religiosa, encontraron el lugar ideal para cosechar
la vid en América. La historia comienza en la región norte
de México en el año de 1594, cuando una misión de
sacerdotes jesuitas encabezados por Fray Pedro de Espinareda decidieron
establecer el convento de Santa María de las Parras en un territorio
especialmente generoso para el cultivo de cepas. Poco más tarde,
y a pesar de la hostilidad de los nativos de la zona, Felipe ii, rey de
España, otorgó una merced al valiente caballero don Lorenzo
Gracia quien bajo la orden expresa de producir vino y brandy sentó
sus reales en aquellas tierras, suceso que dio formal nacimiento a la
Hacienda y Bodegas de San Lorenzo el 19 de agosto de 1597.
Las condiciones altamente propicias para el cultivo de la uva “misión"
o “criolla", misma que originó viñedos desde
México hasta el sudoeste de Estados Unidos, dieron como resultado
un producto de alta calidad que no tardó en despertar el recelo
de los españoles. Por temor a la competencia, la Corona instauró
leyes que durante años (hasta la Independencia, en 1810) obstaculizaron
el desarrollo pleno de la cultura vinícola en México. No
obstante las inclemencias de la época, San Lorenzo sobrevivió
como si el espíritu de Baco se hubiera apoderado de la hacienda,
vigilante en todo momento de que nada impidiera que la tierra progenitora
del primer vino de las Américas, se convirtiera en testigo y protagonista
de la historia de la vitivinicultura mexicana.
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