Georges Moustaki

Músico del mundo, poeta de la canción
Por: Nicolás H. Sánchez-Osorio  Foto: Jorge Ávila

ólo se necesita una guitarra y la creatividad de Georges Moustaki la hace sonar —timpiripim, tracatán— cuando el ritmo está en sus dedos, del corazón le salen palabras y su voz se alza para denunciar inmundicias humanas y demandar amor, igualdad, fraternidad, paz y libertad. La crítica es un deber del poeta. Los creadores deberíamos denunciar lo que no nos gusta y, al mismo tiempo, difundir los valores culturales. Yo me considero un cantante que tiene la suerte de cantar sus ideas.

Aunque egipcio de nacimiento, es hijo adoptivo de la Ciudad Luz y devoto amante de su cultura. Desde hace casi medio siglo se ha dado a la tarea de pregonar sus historias poéticas con ritmos diversos. En sus discos lo mismo se reconocen sonidos de la música francesa más popular que cadencias griegas, mediterráneas, de jazz, samba o tango. Su imagen evoca al juglar medieval recorriendo Europa a veces a pie con su lira a la espalda o bien en una carreta cargada de sorpresas y romances; Georges, hoy por hoy a punto de celebrar su setenta aniversario, recorre el mundo en su motocicleta sembrando conciencia social.

Artista ha sido siempre. El ambiente de su infancia, trascurrida en gran parte dentro de la librería de su padre, lo empujó primero al periodismo, luego a la canción y en la actualidad a la narrativa, la pintura y, de vez en cuando, a la actuación. En su trayectoria de artista y viajero incansable, su corazón y sensibilidad están siempre perceptivos para capturar de la vida aquel detalle simple que merece homenajearse. Tuve la suerte de viajar y encontrarme con grandes personajes como Edith Piaf, Astor Piazzolla y Mikis Teodorakis; no sé si ellos sean mis influencias o mis interlocutores. Durante esa época tuve la sensación de conocer gigantes; ahora ya no los encuentro, dice con un dejo de decepción y nostalgia. Actualmente la música y sus intérpretes se crean y se diluyen con tanta facilidad que uno los confunde entre sí y más que recordar la música recuerda su imagen plástica y deformable. En aras del cambio constante y lo novedoso los cantantes olvidan sus raíces y con ello pierden universalidad.

 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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