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poética de lo cotidiano no es una búsqueda nueva en las
sociedades, en Lascuax la habían ya encontrado e invocado. Lo que
siempre es nuevo en tanto que no deja de sorprender a los desencantados,
es el valor y la fe que alimentan esas pequeñas y personales búsquedas
por encontrar algo más allá del tedio, la apatía
y la soberbia.
Kathleen Johnson, joven artista radicada en Los Ángeles, expone
por primera vez de manera individual en una galería neoyorquina.
Nueve fotografías impresas digitalmente sobre tela y papel capturadas
con cámaras desechables, se nos ofrecen limpias sobre los muros
como un regalo de luz acuática. ¿Qué son? Albercas
en suburbios familiares del sur de California capturadas en reflejos resplandecientes
en cuadros horizontales que adivinan escalones, bordes y esquinas de estructuras.
Son tan poco importantes y carentes de pretensión estética,
que se presentan finalmente como el escenario ideal para la mirada de
cualquiera que acepte su hambrienta necesidad de soñar y escaparse,
con los ojos abiertos y enrojecidos dentro de una vieja piscina de la
niñez.
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