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erca de la ciudad de Querétaro, en el sureste del estado de Guanajuato
se encuentra Apaseo el Grande. Al andar por sus calles empedradas nos
encontramos con la Plaza Juárez; frente a ella se levanta deslumbrante
una de las construcciones civiles del siglo XVIII más importantes
del estilo barroco en México: La Casa Grande de Apaseo.
“Casa de los perros" o “Casa del Águila"
son otros nombres que responden a detalles de la arquitectura cuyo dueño
y constructor permanecen incógnitos. Sin embargo hacia 1960 don
Francisco de la Maza asentó que fue construida en 1790 y que su
propietario fue Francisco de Herrera y su constructor un albañil
llamado Cornelio. Las versiones se han enriquecido, -sin revelarnos fuentes-
Mariano González Leal aseguró en 1988 que su dueño
fue Vicente Herrera y Rivero del Corro, Marqués de Herrera. En
una suerte de derivación genética existe la versión
de que en la Casa Grande la “Güera Rodríguez”
y Allende tenían frecuentes citas e incluso que entre sus muros
se fraguó el Plan de Ayala.
La construcción sobre un gran predio destaca en la población
por la complejidad de los elementos decorativos de su fachada, donde reina
la movilidad a través de los profusos diseños de cantera
en pretiles, arcos invertidos, cornisas onduladas, aparatosos remates
y nichos recargados.
En la esquina, revestida con elementos de cantería, sobre la rebuscada
moldura y rocallas que limitan el rodapié, resalta una águila
bicéfala que soporta una llamativa corona cuidadosamente esculpida;
tiene las alas desplegadas y al centro del pecho, una pequeña cartela
oval con la inscripción de 1789, fecha en la que seguramente fue
terminada la obra. Las características anteriores nos permiten
inferir que su dueño además de poseer bienes poseía
un título nobiliario. Otra interpretación asegura que el
Marqués de Herrara fungía como cacique del pueblo y la Casa
Grande era su refugio habitacional.
No podemos olvidar que los estilos arquitectónicos nos hablan
de la visión del mundo de una época. El barroco europeo
se fundamentó en el despliegue caprichoso de elementos decorativos
para demostrar magnificencia a través de curvas y espirales traducidas
en movimiento. En las ventanas de la Casa Grande vemos la monumentalidad
y abundancia de la construcción en sus rejas de hierro con enmarcaciones
de ornamentación claramente barroca al utilizar simples cornisas
y complejos frontones mixtilíneos.
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