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los arqueólogos, las figuras animales reproducidas en forma de
vasija, como en esta pieza de belleza excepcional, poseían para
el hombre de las épocas Shang y Zhou un acusado carácter
simbólico. Sin embargo, a los ojos occidentales, no es fácil
advertir ese contenido místico, religioso y político encerrado
en ellas. La decoración profusa y elaborada que sugieren las fauces
de serpientes y cabezas de águila que flanquean el motivo principal,
revela un poderoso estilo naturalista y un admirable dominio en el vaciado
del bronce. Hay que destacar que los investigadores del periodo Zhou Oriental
que alcanza su desarrollo entre los siglos VIII y III a.c., señalan
que esta etapa en especial no presenta temas vegetales en este tipo de
piezas. Esto no descarta la posibilidad de la práctica de una religión
vinculada a la naturaleza y que estructure la línea totémica
de un señor feudal o de un principal de la región.
El arte chino emerge y hace historia con las vasijas de bronce. A partir
de éstas y de los vasos se ostentaba el carácter y la personalidad
de un gran señor que ordenaba a sus artesanos manufacturar las
piezas. El uso que se les daba era de índole ritual o bien para
distinguir a sus vasallos que atesoraban los recipientes en templos y
oratorios. Asimismo, las decoraciones abigarradas y exuberantes, cargadas
de simbolismos y referencias míticas, son para algunos especialistas
los comienzos de la compleja escritura china, fundada en pictogramas y
con una estructura formal muy diferente de Occidente.
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