Sofía Goumerova

Magia, disciplina y coraje
Por: Angélica Navarro Castillo   Fotos: Jorge Ávila
Entre el desastre propio del montaje de los espectáculos Sofía nos confiesa que pesa más de 47 kilos. Ante la pregunta sus mejillas enrojecieron; la báscula significa también un reto a vencer.

ofía no es dadivosa en palabras porque son sus pies, piernas, muslos, cadera, cintura, espalda, torso, pecho, hombros y cara los que gritan, susurran, narran, aman y sufren. Para ella los verbos no se conjugan en los cuadernos sino sobre su cuerpo, geografía de su profesión. Su semblante es dulce, parece haberse quedado con la inocencia que de niña la hizo abandonar las muñecas para convertirse en una.
La danza —para algunos teóricos— es una de las primeras bellas artes. Su nacimiento se atribuye a los rituales mágico-religiosos realizados en los inicios de la civilización. Una vez desvinculada de su sentido sacro, la concepción del baile dio paso a la creación de técnicas de ejecución y convenciones que la harían desembocar en espectáculo donde lo importante es el virtuosismo y la belleza.
Sofía Goumerova es heredera de una tradición occidental burguesa: el ballet clásico. Nací en Moscú e inicié mis clases en la Academia Vaganova —una de las más prestigiadas de Rusia— a los seis años de edad. Su infancia y adolescencia estuvieron dedicadas a cultivar la voluntad. La escritora especializada Natalia Sokovikova explica: la fuerza de voluntad en la formación de los niños bailarines es necesaria no solamente para ayudar al desarrollo y flexibilidad de los músculos y la estructura ósea que otorgan fuerza y alta velocidad de reacción, sino también para promover la concentración y atención.

 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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