Ludwik Margules

Ante todo: descubrir
Por: Angélica Navarro Castillo   Fotos: Laura Cohen
Lector insaciable y admirador ferviente de Peter Brook, Ludwik es también papá. Su hija mayor es músico: toca la flauta y la otra es teatrera: dirige, escribe y actúa.

a maquinaria cuyo artilugio a base de rodillos hace imprimir billones de letras sobre papel periódico podría equipararse a la maquinaria teatral donde la materia prima cien por ciento humana hace surgir emociones y reflexiones; Ludwik Margules transitó de un ámbito a otro sin volver la mirada.
Nacido en Varsovia en 1933, creció en medio de los horrores y el genocidio asociados a la Segunda Guerra Mundial; las épocas difíciles influyeron sin duda en su decisión de dedicarse al periodismo y formaron su carácter conciso, directo e incluso severo.
El periodismo no fue, sin embargo, suficiente: tuve un presentimiento, seguí mi corazonada y hasta ahora, después de 40 años de actividad teatral, me he convencido de la certeza de mi intuición. Sintió latir su corazón por primera vez cuando al pisar la Ciudad de México en 1957 en el aire se respiraba una atmósfera propicia a la creación. Numerosos proyectos teatrales surgían aquí y allá y nacía la Escuela de Arte Teatral.
Eran los días en que los maestros entregaban la estafeta a la nueva generación: Salvador Novo en Bellas Artes, Seki Sano en su academia, Fernando Wagner en la universidad. Entre 1959 y 1962 Margules fue alumno de todos. Ellos me enseñaron a estructurar la materia de mis sueños. El resultado se vertió en la escena mexicana con célebres montajes de obras como Ricardo III de Shakespeare o Tío Vania de Chejov y textos de Pinter, Brecht y Genet. Al tiempo que realizaba su brillante trabajo como director, iniciaba su carrera dentro de la pedagogía teatral dando clases en la Escuela de Arte Teatral del INBA (1972-1974) y en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (1977-1978), dirigiendo el Centro Universitario de Teatro (1977-78 y 1980-84) y actualmente como docente del Centro de Capacitación Cinematográfica.
Su experiencia como maestro y director lo impulsó a formar una escuela-centro de experimentación teatral llamada Foro Teatro Contemporáneo —antes Foro de la Ribera— en asociación con Julieta Egurrola, Dora García, Lorena Maza, Rodolfo Obregón, David Olguín, Laura Orozco, Angelina Peláez e Irela de Villers para formar actores y directores teatrales de alto grado profesional con el fin de revitalizar los escenarios de nuestro país.

 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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