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maquinaria cuyo artilugio a base de rodillos hace imprimir billones de
letras sobre papel periódico podría equipararse a la maquinaria
teatral donde la materia prima cien por ciento humana hace surgir emociones
y reflexiones; Ludwik Margules transitó de un ámbito a otro
sin volver la mirada.
Nacido en Varsovia en 1933, creció en medio de los horrores y el
genocidio asociados a la Segunda Guerra Mundial; las épocas difíciles
influyeron sin duda en su decisión de dedicarse al periodismo y
formaron su carácter conciso, directo e incluso severo.
El periodismo no fue, sin embargo, suficiente: tuve un presentimiento,
seguí mi corazonada y hasta ahora, después de 40 años
de actividad teatral, me he convencido de la certeza de mi intuición.
Sintió latir su corazón por primera vez cuando al pisar
la Ciudad de México en 1957 en el aire se respiraba una atmósfera
propicia a la creación. Numerosos proyectos teatrales surgían
aquí y allá y nacía la Escuela de Arte Teatral.
Eran los días en que los maestros entregaban la estafeta a la nueva
generación: Salvador Novo en Bellas Artes, Seki Sano en su academia,
Fernando Wagner en la universidad. Entre 1959 y 1962 Margules fue alumno
de todos. Ellos me enseñaron a estructurar la materia de mis sueños.
El resultado se vertió en la escena mexicana con célebres
montajes de obras como Ricardo III de Shakespeare o Tío Vania de
Chejov y textos de Pinter, Brecht y Genet. Al tiempo que realizaba su
brillante trabajo como director, iniciaba su carrera dentro de la pedagogía
teatral dando clases en la Escuela de Arte Teatral del INBA (1972-1974)
y en el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (1977-1978),
dirigiendo el Centro Universitario de Teatro (1977-78 y 1980-84) y actualmente
como docente del Centro de Capacitación Cinematográfica.
Su experiencia como maestro y director lo impulsó a formar una
escuela-centro de experimentación teatral llamada Foro Teatro Contemporáneo
—antes Foro de la Ribera— en asociación con Julieta
Egurrola, Dora García, Lorena Maza, Rodolfo Obregón, David
Olguín, Laura Orozco, Angelina Peláez e Irela de Villers
para formar actores y directores teatrales de alto grado profesional con
el fin de revitalizar los escenarios de nuestro país.
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