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Aunque parezca increíble alguna vez esta mujer de extraordinaria
belleza se limitó a “hacer bulto” en las películas
trabajando como extra. Se había divorciado y, jovencísima,
se encontraba sola con tres hijos. Pero suponemos que la elección
de carrera fue algo natural. Además de bella —o quizá
por serlo— de niña y junto con sus hermanas armaba espectáculos
en casa, fantaseábamos muchísimo, jugábamos, interpretábamos
distintos personajes. El cine era, además, una de sus pasiones,
desde chiquita me ponía unos desvelones espantosos viendo películas
y al día siguiente en la escuela era horrible: ¡me moría
de sueño!
Cuando la oportunidad de ingresar al cine —inconcientemente acariciada
siempre— se presentó, fue algo dorado, increíble.
Para Helena trabajar en teatro, películas y telenovelas no ha perdido
aquella fascinación infantil y actualmente le resulta tan divertido
como entonces y hasta mejor: ya no hay pleitos entre hermanas por ver
quién dirige la cosa. Hoy, al final del día, tranquilamente
instalada en su casa, Helena se pone a ver películas; y veo ¡de
todo! En ocasiones la actuación puede no ser maravillosa, pero
la historia sí… siempre hay algo interesante qué ver.
Sus reflexiones:
El placer. Creo que el ser humano tiene que sentir placer ejerciendo su
actividad. Helena prefiere el cine pero en el teatro, dice, el contacto
con los compañeros es maravilloso, y como las funciones nunca son
iguales no hay posibilidad de aburrirse. Divertirme en escena con ellos
es bastante gratificante, así que he aprendido también a
disfrutarlo mucho. Está, además, el aplauso del público…
El trabajo. Helena ha participado en una docena de películas, obras
de teatro y telenovelas, casi todas de gran éxito. Confía
en su intuición que a la primera lectura de un guión le
dicta cómo desarrollar el personaje. Pero siempre hay sorpresas,
muchas veces leo la historia y en la mente hago mi propia película
o mi telenovela para, a la hora de la hora, encontrarme con que el actor
o actriz con quien trabajo está aportando cosas que no esperaba.
Entonces es preciso hacer un esfuerzo doble.
La aventura. Hoy ya no le gusta tomar riesgos fuertes. Sin embargo lo
que la convenció de filmar la exitosa película de Werner
Herzog, Aguirre, la ira de dios, fue que el director la planteó
como una aventura, algo así como un safari en la selva. Fue por
eso, en el fondo, que accedió a tomar parte en ella. Hoy no tiene
caso correr ese tipo de aventuras que considera forman parte de cierta
etapa de la vida: más bien trato de controlar todo lo que sucede
a mi alrededor y de controlarme a mí misma.
El amor. Helena no confiesa con cuántos hombres ha compartido su
vida, ni siquiera accede a decirnos el nombre de su pareja actual con
quien lleva ya 12 años de vida en común. Se puede amar (románticamente)
y ser feliz una y otra y otra vez. Y aunque dice que con cada relación
siempre ha pensado que las cosas serán para siempre, si no funciona…
¡a otra cosa, mariposa! No cree en el valor de sacrificar la vida
entera por una condición matrimonial porque es lo que espera la
sociedad. Creo que es más importante que el ser humano se desarrolle,
evolucione y logre sus metas; si no es posible hacerlo en una pareja,
¡ya será en otra! En la vida, afirma, caben muchos amores.
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