Helena Rojo

Inasible, cambiante, bella, inmarcesible
Por: Guillermina Olmedo Entrevista: Carmelina Martínez de la Cruz   Fotos: Jorge Ávila
La actriz Helena Rojo luce su belleza clásica y misticismo en el salón dorado del restaurante Churchill´s.

n Aunque parezca increíble alguna vez esta mujer de extraordinaria belleza se limitó a “hacer bulto” en las películas trabajando como extra. Se había divorciado y, jovencísima, se encontraba sola con tres hijos. Pero suponemos que la elección de carrera fue algo natural. Además de bella —o quizá por serlo— de niña y junto con sus hermanas armaba espectáculos en casa, fantaseábamos muchísimo, jugábamos, interpretábamos distintos personajes. El cine era, además, una de sus pasiones, desde chiquita me ponía unos desvelones espantosos viendo películas y al día siguiente en la escuela era horrible: ¡me moría de sueño!
Cuando la oportunidad de ingresar al cine —inconcientemente acariciada siempre— se presentó, fue algo dorado, increíble. Para Helena trabajar en teatro, películas y telenovelas no ha perdido aquella fascinación infantil y actualmente le resulta tan divertido como entonces y hasta mejor: ya no hay pleitos entre hermanas por ver quién dirige la cosa. Hoy, al final del día, tranquilamente instalada en su casa, Helena se pone a ver películas; y veo ¡de todo! En ocasiones la actuación puede no ser maravillosa, pero la historia sí… siempre hay algo interesante qué ver.
Sus reflexiones:
El placer. Creo que el ser humano tiene que sentir placer ejerciendo su actividad. Helena prefiere el cine pero en el teatro, dice, el contacto con los compañeros es maravilloso, y como las funciones nunca son iguales no hay posibilidad de aburrirse. Divertirme en escena con ellos es bastante gratificante, así que he aprendido también a disfrutarlo mucho. Está, además, el aplauso del público…
El trabajo. Helena ha participado en una docena de películas, obras de teatro y telenovelas, casi todas de gran éxito. Confía en su intuición que a la primera lectura de un guión le dicta cómo desarrollar el personaje. Pero siempre hay sorpresas, muchas veces leo la historia y en la mente hago mi propia película o mi telenovela para, a la hora de la hora, encontrarme con que el actor o actriz con quien trabajo está aportando cosas que no esperaba. Entonces es preciso hacer un esfuerzo doble.
La aventura. Hoy ya no le gusta tomar riesgos fuertes. Sin embargo lo que la convenció de filmar la exitosa película de Werner Herzog, Aguirre, la ira de dios, fue que el director la planteó como una aventura, algo así como un safari en la selva. Fue por eso, en el fondo, que accedió a tomar parte en ella. Hoy no tiene caso correr ese tipo de aventuras que considera forman parte de cierta etapa de la vida: más bien trato de controlar todo lo que sucede a mi alrededor y de controlarme a mí misma.
El amor. Helena no confiesa con cuántos hombres ha compartido su vida, ni siquiera accede a decirnos el nombre de su pareja actual con quien lleva ya 12 años de vida en común. Se puede amar (románticamente) y ser feliz una y otra y otra vez. Y aunque dice que con cada relación siempre ha pensado que las cosas serán para siempre, si no funciona… ¡a otra cosa, mariposa! No cree en el valor de sacrificar la vida entera por una condición matrimonial porque es lo que espera la sociedad. Creo que es más importante que el ser humano se desarrolle, evolucione y logre sus metas; si no es posible hacerlo en una pareja, ¡ya será en otra! En la vida, afirma, caben muchos amores.

 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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