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iendo
uno o dos de los lienzos de Luz en la GAM uno quiere adivinar que lo que
ve es La Habana. Una Habana que en la mirada y el pincel de la belga Trini
(1962) se presenta en el bizarro encuentro entre el sin-tiempo cincuentero
de la isla y la fugacidad con que la capta la pintora. Los acrílicos
de 1 x 1 y 1.5 x 1.5 m, una vez condensados en la memoria tras un primer
recorrido, lo dejan a uno con la sensación de esencia que despierta
lo insatisfecho. Porque sus imágenes humanas borrosas y sus escenas
citadinas movidas nos avientan a la cara la velocidad del tiempo frente
a nuestra no-tan-poderosa estaticidad. En eso uno ya no sabe en qué
polo estaría la vida. La de uno y la del otro.
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| Galería de Arte Mexicano |
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| Gobernador Rafael Rebollar 43 |
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| San Miguel Chapultepec |
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a
fachada la pintó blanca y lo de afuera lo pintó adentro
a manera de levantamiento arquitectónico. Intervención la
primera, mural la segunda. La inversión es obvia, el resultado
interesante en su imposibilidad de realidad. Parece que las paredes blancas
de la galería se virtualizan en fachada, mientras el cubo blanco
se aprovecha para inutilizarlo con los contornos del entorno. Una desfuncionalización
arquitectónica y simbólica dentro de un espíritu
subversivo, neo-neo-conceptual muy medido y bien pensado. La propia galería
lo llamaría un ejercicio visual y un discurso arquitectónico
dentro de un contexto intelectual logrado a partir de recursos espaciales
y arquitectónicos.
Diez obras del joven tapatío (1974) conforman lo que se anuncia
como propuesta intelectual. Suponemos que lo plástico
de la propuesta se da por sentado o, claro, deviene intrascendente. Ante
todo la actitud y la presencia de lo que no necesita explicarse.
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