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año clave para Egipto y para la arqueología fue, sin duda,
1922. Howard Carter y Lord Carnavon abrieron la tumba del rey Tutankamen
revelando el sarcófago más espectacular descubierto hasta
ahora con la efigie del joven faraón ataviado con sus mejores galas
y rodeado de tesoros funerarios que aún cautivan al mundo.
Presenciando el espectacular descubrimiento se encontraba el inglés
Harry Burton (1879-1949), uno de los mejores fotógrafos de temas
arqueológicos de la época. Testigo de dicha excavación
es la extraordinaria serie de fotografías en blanco y negro presentada
por primera vez al público a finales de 2001 en Nueva York.
Debido a la importancia de esta obra como documento histórico de
primer orden y a su indudable valor artístico en el desarrollo
de la fotografía como medio, el departamento de arte egipcio del
Metropolitan junto con el departamento de fotografía en la misma
institución organizaron esta muestra con 60 fotos tomadas en su
mayoría por Burton entre 1906 y 1939.
Tras la noticia del descubrimiento, el Metropolitan ofreció su
colaboración a Lord Carnavon y Howard Carter y contrató
a Burton como fotógrafo oficial de la expedición a Egipto.
Ahí, además de esta serie, parte fundamental y la más
conocida de su obra, completó la visión de sitios arqueológicos
tan importantes como Tebas fotografiando templos y palacios así
como remotos parajes de ese país lleno de misterio y enorme sabiduría.
Pharao
fuente de luz. Rescatada de la oscuridad, brilla para siempre.
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