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la hermosa construcción estilo neoclásico realizada por
el célebre arquitecto mexicano Jorge Loyzaga, los embajadores de
Francia Philippe y Christine Faure viven un romance con México.
El embajador cuenta que en una ocasión el presidente Jacques Chirac
le preguntó si le gustaba nuestro país. Antes de que pudiera
contestar Chirac le dijo, “no es necesario que me responda: su sonrisa
lo dice todo”.
Guapos y llenos de vida, los embajadores lucen radiantes siempre. En verdad
nos gusta este país, dice Christine. Desde que llegamos en el avión
me impresionó que durante largos minutos vimos luces y luces de
una ciudad que parecía infinita. No tenían ideas preconcebidas
pero en el trayecto del aeropuerto a Virreyes notaron que la de México
es una gran ciudad, moderna y desarrollada, muy cosmopolita. Como para
muchos de nuestros visitantes, la sorpresa más agradable para ellos
han sido los mexicanos. La gente, según Christine, es muy abierta
y cálida; se muestra como es, sencilla y directa.
Diplomático de carrera y con alguna experiencia en relaciones exteriores
en Washington y Madrid, Philippe Faure es embajador por primera vez. Hasta
hace un par de años era PDG de la editorial Gaut-Millau, especializada
en guías gastronómicas de Francia y editora de la revista
del mismo nombre y la más influyente sobre el tema. Juntos, él
y Christine viajaron por todo el país visitando desde pequeñas
brasseries hasta grandes restaurantes.
Les encanta comer bien y en el DF sus lugares favoritos son el Ciboulette
en avenida Masaryk y el Puerto Chico —cuya cocina estilo español
les gusta muchísimo— en el centro.
Cuando reciben invitados, ya sea familiares o a los funcionarios del Quai
d’Orsay, siempre los llevan a ciertos sitios que encuentran fascinantes.
Uno es el museo Dolores Olmedo y el otro la casa-museo del arquitecto
Luis Barragán cerca de la avenida Constituyentes. Fuera de la capital,
su lugar favorito es Acapulco donde son recibidos por quienes consideran
ya amigos para toda la vida. Después de oírlo platicar entusiasmado
sobre la cacería en España, donde radicara algún
tiempo, le pregunté qué contaría sobre su estancia
en México a algunos años de distancia. Sin dudarlo me dijo:
“¡sobre los amigos de los amigos!” Según Philippe
Faure este fenómeno mediante el cual los amigos se heredan automáticamente
al momento de la presentación es exclusivo de los mexicanos y le
resulta muy curioso.
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