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dice que lo visual puede entenderse como una recta tirada desde el ojo
del observador hasta un objeto. Ahora, estas “rectas” se mueven
de muchas formas dependiendo del ojo que observe y las intenciones con
que observe.
Hace dos años platicamos con la creadora del ABC DF Cristina Faesler
(Casas& Gente no. 145). Entonces sus proyectos caminaban por el diseño
de modas, campañas publicitarias, asesorías de imagen y
desfiles alternativos. En aquella entrevista nos contó su más
reciente ocurrencia: el armado de un diccionario gráfico de la
ciudad de México. Hace unos meses con bombo y platillo se inauguraba
su ABC en el Palacio de Bellas Artes. El primer diccionario gráfico
de la ciudad de México se mostró en tres pisos del edificio.
En la primera sala se intentó documentar otros siglos en los que
el hombre se ha preocupado por representar la ciudad con cartografía
del siglo xvi, biombos del siglo xviii y grabados de Gualdi y Posadas.
Las demás salas y pisos reunieron las muy personales visiones convocadas
por Cristina y su Control Bureau para materializarse en un enorme libro,
un cd rom y esta muestra. Fotografía, video, instalación,
arte objeto y objetos en sí buscan describir —desde la mirada
de quien se asume con la autoridad para definirla— lo que es nuestra
ciudad. Y como en toda urbe, hay de todo. Piezas tan interesantes como
las cajitas negras con pequeñas vistas de aparatos electrodomésticos
cincuenteros en las que se juega con el recuerdo en el esfuerzo de la
mirada y la estetización de lo antes funcional, o los espectaculares
vacíos de Bátiz; hasta otras tan intrascendentes en concepto
y estética como la instalación de bolas de boliche, o la
letra Ñ grafiteada en un poste. Hay algunas curiosas como las instalaciones
interactivas foto-música y el hormiguero de Ávila Dueñas.
Y hay algunas en las que uno hace un alto y se pregunta: ¿Desde
dónde juzga la mirada? ¿Para qué y para quiénes?
¿Qué es lo que en realidad quiere definir? Este es el caso
del video digital de Ilián González que ocurrentemente tituló
Fleco fuente.
Que si nos ponemos quisquillosos sobre las funciones y finalidades ortodoxas
del diccionario, en éste en particular los sustantivos reinan como
objetos descontextualizados, los verbos brillan por su ausencia y los
adjetivos se develan juiciosos.
Sin embargo una o varias continuaciones o bifurcaciones sobre este magno
proyecto se antojan una mina de oro. La idea de “diccionar”
una ciudad en objetos, imágenes, memorias, manías y demás
tipologías tiene aún mucha tela de donde cortar. Hacer tangible
lo intangible como materia de museo hace posible que a partir de hoy máscaras
de luchador, trofeos de plástico, bolas para la palanca de velocidades
y bolsas de mercado se puedan vender en Bellas Artes.
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