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qué disfrazar la apariencia natural en vez de resaltarla? Es la
pregunta que la maquillista Bobbi Brown se repetía constantemente
al emplear los cosméticos existentes cuando iniciaba su práctica
profesional hace casi dos décadas. Para lograr el aspecto fresco
que buscaba se veía obligada a mezclar y combinar una serie de
productos. Esto hacía el proceso lento y laborioso. Con sus estudios
en maquillaje de teatro realizados en Boston y tras darse a conocer gracias
a su excelente labor en prestigiadas publicaciones y con distinguidas
personalidades, decidió emprender su propio negocio.
A principios de la década de los noventa, Bobbi comenzó
la revolución hacia lo icástico, lo innato: el look de los
tonos neutros. Su línea inició con el lanzamiento de diez
labiales en los almacenes Bergdorf Goodman en Nueva York. De ahí
en adelante el reconocimiento de los productos se extendió a otros
estados norteamericanos y a mediados de 1990 Bobbi Brown entró
a formar parte del grupo empresarial Estée Lauder, dándose
a conocer en varios países.
El concepto principal de la línea reside en revelar la personalidad
individual; aquello que hace a cada persona única y especial. Cremas
limpiadoras e hidratantes, bálsamos calmantes, maquillajes y polvos
con base amarilla para un acabado súper natural y sombras de párpados
en tonalidades que se mimetizan con la piel son los componentes esenciales
que brindan a la mujer múltiples opciones, siempre dentro del concepto
minimalista. Los instrumentos perfectos para su aplicación son
las brochas y pinceles elaborados especialmente para facilitar su empleo.
La tendencia es hacer del maquillaje algo rápido y fácil
que no disfrace los atributos y que se adapte a las mujeres dinámicas
y prácticas, sin restarles coquetería. La paleta de colores
y las herramientas ya están. El lienzo es su rostro.
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