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Atlántico tiene luz negra; no es como el Mediterráneo con
su luz blanca. Era ésta una de las lamentaciones de quien es hoy
uno de los escultores más importantes del siglo xx. Porque los
artistas desde siempre buscan la luz, se rigen por ella, la persiguen
incesantemente. Pintores, fotógrafos, arquitectos, escultores definen
su forma de ver desde la posibilidad de la mirada: la luz reflejada en
los objetos, la gran reveladora de volúmenes. Pero también
recordaba el escultor que durante mucho tiempo trabajó en un taller
oscuro donde aprendió a no necesitar la luz para esculpir. Se guiaba
sólo por los bordes; decía de sus piezas tempranas que ...eran
como dibujos muy duros sobre el espacio.
Eduardo Chillida (San Sebastián, España 1924-) inició
su formación artística en la enseñanza de la arquitectura
madrileña; pronto descubrió que lo que buscaba crear no
eran espacios habitables ni funcionales. Renombrados críticos y
escritores han hablado de las cualidades musicales en las piezas de Chillida.
Supongo al verlas y recordar esta relación, que los espacios a
construir por el español son para habitarse con los ojos y los
oídos. Del barro al hierro, del hierro al granito, de la madera
al acero, del acero al alabastro, de vuelta al granito hasta llegar al
concreto pasando por el papel y de nuevo a las tierras arcillosas, la
más reciente exposición de Eduardo Chillida primera
en nuestro país es una mirada retrospectiva de sus avatares
como constructor de obras tridimensionales que dialogan en la abstracción
con otras arquitecturas internas y externas.
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