Eduardo Chillida
Pesos íntimos/sutilezas públicas
Por: Marcela Quiroz Luna  
Yunque de los sueños, 1954-1958, hierro y madera, 64.5 x 20 x 18 cm.

l Atlántico tiene luz negra; no es como el Mediterráneo con su luz blanca. Era ésta una de las lamentaciones de quien es hoy uno de los escultores más importantes del siglo xx. Porque los artistas desde siempre buscan la luz, se rigen por ella, la persiguen incesantemente. Pintores, fotógrafos, arquitectos, escultores definen su forma de ver desde la posibilidad de la mirada: la luz reflejada en los objetos, la gran reveladora de volúmenes. Pero también recordaba el escultor que durante mucho tiempo trabajó en un taller oscuro donde aprendió a no necesitar la luz para esculpir. Se guiaba sólo por los bordes; decía de sus piezas tempranas que “...eran como dibujos muy duros sobre el espacio”.
Eduardo Chillida (San Sebastián, España 1924-) inició su formación artística en la enseñanza de la arquitectura madrileña; pronto descubrió que lo que buscaba crear no eran espacios habitables ni funcionales. Renombrados críticos y escritores han hablado de las cualidades musicales en las piezas de Chillida. Supongo al verlas y recordar esta relación, que los espacios a construir por el español son para habitarse con los ojos y los oídos. Del barro al hierro, del hierro al granito, de la madera al acero, del acero al alabastro, de vuelta al granito hasta llegar al concreto pasando por el papel y de nuevo a las tierras arcillosas, la más reciente exposición de Eduardo Chillida —primera en nuestro país— es una mirada retrospectiva de sus avatares como constructor de obras tridimensionales que dialogan en la abstracción con otras arquitecturas internas y externas.

 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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