Lynn Fainchtein
viciosa de la música
Por: Beatriz Mackenzie Fotos: Jesús Sánchez Uribe

 

Aunque afirme acaloradamente que la gente viciosa de la música como ella daría la mitad de su cuerpo por conseguir los discos incluidos en sus listas semanales, nosotros pensamos que Lynn Fainchtein exagera.

uien la escuchó en su turno de locución en Rock 101 o se deleitó con el programa Salsabadeando conoce el acelerado, irónico y desenfadado talante de Lynn Fainchtein, una judía guadalupana nacida en la Ciudad de México en los sesenta, cuya congénita pasión por la música la ha llevado a colaborar en proyectos que han dejado huella entre los melómanos de todas las edades. Pero, sobre todo, a cumplir con su propio precepto: “lo que haga debe tener buena música”.

La que más le gusta es la negra, porque es la más cachonda, y detesta abiertamente la country. Inició su colección discográfica con la idea de tener un poco de todo, de ahí que ningún género le sea ajeno. Compraba discos a escondidas de su madre porque le decía que era una disoluta que dilapidaba el dinero en cosas que no la iban a llevar a nada. Y es en discos, ciertamente, en lo que más ha gastado en la vida. El mundo está plagado de música y nunca antes había habido tantas opciones. La gente viciosa como yo tiene sus listas, los pide, da la mitad de su cuerpo porque alguien se los traiga o es capaz de irse de viaje para comprar los 30 seleccionados de las últimas dos semanas.

Sin embargo, dice, es la peor época para la industria porque la piratería, las canciones que bajas de Internet y el excesivo costo de los discos, están haciendo que no se vendan, lo que provoca que las compañías no inviertan en nuevo talento. La piratería puede causar que una trasnacional cierre su puertas: las últimas cifras revelan que por cada disco, hay ocho piratas. Y el problema es mundial. La música está empezando a pasar a manos gente que no son disqueros, porque se han tardado en tomar medidas. En la industria de la música todo gira alrededor del dinero. No tiene nada de altruista ni está preocupada por la cultura.

 
El texto completo de este reportaje y sus fotografías, pueden
verse en la edición impresa de Casas & Gente.

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