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VII Salón de Arte
Bancomer


Por Marcela Quiroz Luna Fotos: Fundación Bancomer

 


Rubén Gutiérrez, Monstruos y gurús,
imagen digital sobre papel fotográfico, 1999.

n esta ocasión no hay vacas sagradas, afirmaba convencida y orgullosa Ercilia Gómez Maqueo, directora de la Fundación Bancomer, explicando una de las novedades, variantes o mejoras de la última edición del Salón de Arte Bancomer dos días antes de su inauguración el pasado mes de octubre. Los artistas elegidos, 38 en total, son jóvenes en su mayoría, mexicanos en su mayoría, radicados en México en su mayoría, trabajando en el país en su mayoría. La curaduría, libre e independiente de intereses ajenos a los meramente artísticos, como se afanaron en afirmar Luz María Sepúlveda, Olivier Debroise y Luis Martín Lozano —los tres curadores del salón 2001— en pasada conferencia de prensa, buscó ir más allá de los nombres de los artistas buscando ponderar la calidad visual de las piezas, aseguró Lozano. No tiene la exposición un hilo conductor, no tiene el síndrome del cartero (llevar mensajes), seguimos la idea fundacional de los salones en el siglo xix: ser heteróclitos. Trabajamos meramente como cajas de resonancia, como espejos de lo que se está produciendo, agregaba con su característica confianza y serenidad Debroise.

Por su parte, Luz María Sepúlveda sí intentaba trazar ciertas líneas que justificaran la selección de artistas y piezas. Habló de generalidades como el uso de objetos cotidianos releídos y los revivals de décadas pasadas como constantes en medio de la variedad de propuestas, aseverando la existencia de una homegeneidad conceptual sin precisar exactamente cuál. Veredicto que queda entonces en manos del público que se enfrenta a las tradicionales imágenes plata/gelatina de Pedro Slim —esta vez en Cuba—, al lado de los hermanos de la Torre y sus binacionalismos soplados, enseguida de los íconos estilizados de Ibañez Cerda o las impecables formas minimales de Matus y sus campos magnéticos.

Pero y, a riesgo de banalizar el enfoque y dejar un poco de lado las obras, la gran novedad del vii Salón de Arte Bancomer es precisamente haber salido de Bancomer como sede, donde se había montado con mayor o menor fortuna durante los pasados seis años. Al Museo de Arte Moderno le cayó como anillo al dedo la propuesta de la Fundación Bancomer para presentarse este año en un nuevo espacio. Muy de acuerdo con las políticas culturales que iremos observando en los próximos años, pretendemos que el museo asuma una vocación contemporánea como un acto de responsabilidad social hacia la conformación de verdaderos espacios de diálogo con una mayor pluralidad de propuestas, comentó convencido Luis Martín Lozano, director del MAM y co-curador de la muestra.

Claro está que a todos los implicados les conviene el experimento. A los artistas los legitima el espacio de museo y no de casa matriz de un banco, lo mismo a los curadores y a la fundación. Para nadie resulta intrascendente el cambio de muros y significaciones. Una exposición-venta en uno de los principales museos de la ciudad de México. Sin duda algo que no habíamos visto. Las ganancias de las ventas las destinará la fundación al apoyo de nuevos proyectos culturales en distintas disciplinas. Y los beneficios de vuelta para la nueva sede empiezan desde que al MAM le será donado un equipo de cómputo por parte de la Fundación Cultural Bancomer buscando mejorar la infraestructura para la edición de sus propias publicaciones. Simultáneamente, promover y albergar esta exposición lo sitúa de lleno en el cerrado mundo de la difusión y el mercado del arte contemporáneo en México. Mucho habíamos oído ya en los pasados años referencias al Museo de Arte Moderno como un triste mausoleo cada vez más afianzado en su anquilosamiento durante la gestión de Teresa del Conde. Es éste un interesante intento de su actual director por demostrar los nuevos bríos, intenciones e intereses de su dirección. A todas luces parece tratarse de una buena mancuerna entre la iniciativa privada y la institución pública. Estemos pendientes de los futuros intentos por redefinir, asumir e impulsar la vocación contemporánea del museo. Y de las piezas… visite la exposición, ya no hay pretextos.

Museo de Arte Moderno/Sala Fernando Gamboa
Paseo de la Reforma y Gandhi
Bosque de Chapultepec, México, DF
Tel. 52 86 65 19 / 29

 

El texto completo de este reportaje y las fotografías, pueden verse en la edición de Casas & Gente.

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