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Mi mayor satisfacción en la vida es ser bailarina, haber conseguido
mi gran sueño desde niña, ese que todas soñamos alguna
vez
Laura Morelos es desde 1991 una de las tres primeras bailarinas
de la Compañía Nacional de Danza.
a
verdadera competencia es siempre con uno mismo. Superarse cada día,
vencer las fallas, los errores, las deficiencias. Y es una lucha diaria,
un constante reto que me impulsa a mejorarme cada día. La vida
de una bailarina no debe ser nada fácil; las exigencias son muchas;
los sacrificios, dolorosos; la tenacidad, necesaria, la disciplina, la
convicción, la edad, el peso justo, la postura perfecta
Pero
aún teniendo todo eso y sacrificando todo aquello no se llega a
ser prima ballerina si no se tiene carisma, luz interior, alma. Eso que
hace que en el escenario la gente te vea y te siga, y se entregue y se
emocione con tu interpretación. Eso no se aprende, ni se compra,
ni se consigue, ni se perfecciona; eso lo trae uno desde siempre, es el
verdadero talento. Me decía Laura Morelos hace unos días
entre ensayo y ensayo de la Bayadera, último montaje de la Compañía
Nacional de Danza en el Palacio de Bellas Artes el pasado mes de septiembre.
Una mujer llena de energía, vitalidad y entusiasmo.
Primera
bailarina de la Compañía Nacional de Danza desde 1991, madre
de un niño de nueve años, Balam, esposa del actual director
de la CND, Cuauhtémoc Nájera; una mujer completa, realizada
y entregada con una pasión envidiable a su vida y a
su mundo. Vestida en un elegante tutú blanco con aplicaciones en
pedrería, a Laura le brillan los ojos al hablar de su historia
y su presente. Estoy en uno de los mejores momentos de mi vida. Mi hijo
es mi mejor amigo. Mi esposo es un gran apoyo. Profesionalmente estoy
expandiendo mis horizontes. Participé en la puesta en escena del
Fantasma de la Ópera aquí en México; ahora estoy
trabajando en un papel protagónico en el musical Chicago (actualmente
representándose en el Centro Cultural Telmex). Es como volver a
empezar.
Tuve que
aprender a cantar jazz, a bailarlo y a actuar no sólo con mi cuerpo
como lo he hecho toda mi vida en el ballet. A los 35 años Laura
recuerda sus inicios hace 30 en el mundo dancístico
en la Academia de Ballet de Coyoacán. Después asistiría
a la Escuela Nacional de Danza Clásica donde se tituló.
De ahí vendrían los premios internacionales, las giras,
los aplausos, los telones. Pero no siempre fue así. Tuve una época
muy difícil en la adolescencia porque mi cuerpo no era el adecuado
para ser bailarina. Llegó un verano en el que decidí salirme
de todo esto, pero la verdad es que no aguanté ni los dos meses
de vacaciones sin bailar
regresé de inmediato. Desde entonces
mi eterna lucha ha sido con mi peso.
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