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Sobre la escalera de acceso también recubierta de cantera verde,
un cuadro de Sebastián Aplin titulado Ciudad nocturna la protege.
Una interesante obra de Alberto Ramírez remata el área.
El empleo de vigas metálicas es un recurso necesario para la estabilidad
de la casa y de ello se sacó partido para resaltar los planos de
los muros
emaría
Abad, promotora de arte en Oaxaca desde hace más de 15 años
y actual directora del Museo de Arte Contemporáneo de Oaxaca, consideró
bien la importancia que la tradición tiene para el nido habitacional
que mora en sus aspiraciones. Como buena observadora, Femaría encontró
una casona emplazada en una vena estratégica de la ciudad, zona
que requería de la implantación de un corazón con
piedra verde. La historia comienza con la elección de esta casona
típica de finales del siglo xix que se encontraba en malas condiciones.
El primer acierto fue, sin duda alguna, asegurar que esta fuera susceptible
de recibir el uso que se le tenía pensado.
El aspecto
más exitoso de la intervención se refiere al empleo de un
esquema con dos patios que resulta en espacios íntimos y muy comunes
en la arquitectura oaxaqueña de la zona histórica de la
ciudad. Existían semisótanos con rellenos de material posterior
a la época de construcción de la casa. Y a pesar que esto
representaba un egreso no considerado desde el comienzo de la obra, se
tomó la determinación de liberar el espacio para la instalación
de una gimnasio con fosa helada y regaderas. Sin la oportunidad del diálogo
entre proyectista e interesado no habría existido la posibilidad
de hacer compatible un vestigio de la historia y la necesidad del hábito
de un nuevo ocupante de la casa.
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