|
 |
| |
Por
Nicolas H. Sanchez-Osorio
Fotos: Arturo Zavala Haag |

Muy cómodos los pufs inspirados en el estilo mobiliario francés del siglo
XIX, y llevado a cabo reciclando viejos muebles adquiridos en el mercado
de Las Pulgas en París. Terciopelos de agresivos colores y taburetes con
tapicería ajustada con clavo dorado constituyen rincones para grupos o
parejas.
o
latino y lo mexicano está de moda en París. Zapata en su auge. Cancún
es últimamente le dernier cri. Antes estuvo super de moda Puerto Vallarta.
El tequila está en boga. La cumbia se escucha mucho. Los Mariachis constituyen
todo un atractivo, si se tiene los medios para pagarlos. Hay unos tres
buenos grupos de Mariachis en París.
Desde hace
ya casi dos años no se deja de hablar del Barrio Latino: un bar-restaurante,
en el corazón del barrio de La Bastilla, en el viejo París, que readquirió
fama entre la juventud y los artistas, convirtiéndose desde hace unos
veinte años en la competencia del famoso y desde siempre tradicional Quartier
Latin. Este nuevo establecimiento está instalado en un enorme espacio
que ocupa un doble predio en los números 46 y 48 del Faubourg Saint-Antoine,
la importante calle que atraviesa este barrio desde la histórica plaza
de la Bastilla –en donde el presidente Mitterrand ordenó construir la
Opera-Bastille– hasta el final del distrito, inundado por así decirlo,
de bares, discotecas, bistrots y creperías; restaurantes, boutiques de
moda y de decoración, en fin, todo tipo de establecimientos comerciales
super IN.

Espectacular es la entrada al Barrio Latino. Las escalinatas, leitmotiv
del lugar, recorren los tres pisos del inmueble: desde el lobby donde
se encuentra el bar principal, hasta el VIP Room en el tercer piso y al
que sólo se accede con tarjeta de socio. Las balaustradas en hierro forjado
totalmente siglo XIX y la estructura, la misma diseñada por Eiffel, con
casi veinte metros de altura, fueron el marco, a principios de siglo,
de los almacenes de muebles Gouffe. Los nuevos colores naranja y violeta
develan la contemporaneidad y el nuevo espíritu del espacio..
El Barrio
Latino surge en medio de este barullo y sus puertas se abren de par en
par a un mundo curioso, estrafalario, multi-étnico y pleno de vida con
colores que exaltan lo latino, con luces que recuerdan el bullicio de
La Habana, Cartagena, San Juan y Acapulco.
Hot! Hot!
Hot! En este barrio que florece notablemente con galerías y centros de
arte, desde que se instaló aquí la modernísima nueva ópera se encarecen
algunos lofts viejos y locales en una época desusados, que servían para
el depósito de mercancías y que hoy se han convertido en envidiables y
muy confortables habitaciones de ideales dimensiones para creadores y
artistas.

Con gran habilidad y creación, los decoradores de Barrio Latino, aprovecharon
las estructuras originales y las balaustradas en hierro forjado del siglo
XIX, para imprimirle un carácter único al lugar, en medio de una sátira
estética plena de humor.
Espacios
cuya cote es cada vez más elevada en el mercado inmobiliario. El Barrio
Latino ocupa el amplio local que en su época albergara los muebles Goufre,
un almacén que como las famosas Galerías Lafayette y el Bon Marché, construyeron
su armazón con estructuras espectaculares diseñadas por Eiffel y sus seguidores.
Resulta impresionante verse cobijado por estas estructuras del mismo tipo
de las que tanto admiran los turistas al descubrir la Torre Eiffel.
En el Barrio
Latino se goza de diversos ambientes. En la planta baja nos recibe un
vasto restaurante con un fondo musical, que se convierte en disco los
fines de semana. Todo el mundo canta y baila. Es la fiesta! El primer
piso amplía el cupo para los comensales. En el segundo hay un bar cubano
con tapas, aperitivos y exóticos cócteles que nos recuerdan a México:
Cancún (kiwi-piña-guayaba!... y todo lo demás), Veracruz, una mezcla deliciosa
a base de concentrado de ron y piña, plátano y frutas de la pasión, y
el Acapulco con plátanos frescos, piña, crema de coco y frutas rojas.
Todos a 48 francos la copa, unos diez dólares con todo y propina.

El Che Guevara está presente en uno de los muros del Barrio Latino, quien
así rinde homenaje al legendario personaje de la revolución cubana. Taburetes
en piel negra. Cómodos sillones en piel color miel, lámparas de hierro
forjado de inspiración colonial y kilines de Turquía en el piso complementan
la decoración del bar del primer piso.
Estos cócteles
de frutas son bastante inofensivos y pueden beberse uno tras otro, contrariamente
a otros como la Piscarita (a base de pisco, limón y Cointreau, la Capirinha
con Cachaca, limón verde exprimido, mucha azúcar y hielo) que los brasileños
están muy acostumbrados a ingerir. No faltan en la selección del Barrio
Latino el Pisco Sour, el Mojito (Bacardi, menta fresca o hierbabuena,
limón, azúcar y soda) y desde luego la clásica Cuba, la bebida preferida
de todos los mexicanos nostálgicos que llegan a París, religiosamente
elaborada con Bacardi blanco, hielo, limón y Coca! (NO Pepsi!).
Una escalera
monumental que constituye el leitmotiv de la arquitectura interior de
este bello lugar, nos lleva por uno de sus brazos a un jardin d´hiver,
que solamente abre por las noches, y por el otro a un VIP Room al que
se accede solamente con la tarjeta de miembro, o con muy buenas relaciones.
Desde este
tercer piso que ocupa este cuarto, reservado a las celebridades, a los
amigos consentidos de los patrones, o a quienes lo alquilan para sus fiestas
privadas, se domina toda la acción del resto del espacio.

Muy originales los taburetes de la barra, con su descansa pies, en hierro
forjado y piel ajustada con clavos. La extensión de la barra permite la
reunión de un buen numero de parroquianos. Un ambiente cubano como en
La Habana vieja se recupera en el Barrio Latino, el nuevo restaurante-bar
de moda en el barrio de la Bastilla.
La decoración,
muy impresionante, está compuesta de tonos naranjas, violetas, azules
y verdes, color éste último con el que está pintada la torre Eiffel. El
mobiliario inspirado en el siglo XIX, cuenta con algunas piezas, sillones,
sillas y mesas importadas de la Isla, donde los propietarios adquirieron
todo un lote que embarcaron en un contenedor hasta París. Algunas de estas
sillas están tapizadas en cuero marrón capitoneado y clavado. Las banquetas,
a lo largo de las secciones del restaurante, en cuero negro. En algunas
mesas redondas para grupos caben hasta 12 ó14 comensales. La Table d´Hôtes,
como se le llama a la mesa reservada a los amigos de la casa que llegan
solos, se encuentra entrando a la derecha y es suficientemente larga para
recibir hasta a veinte personas. Las lámparas de herrería forjada son
artesanales y fueron hechas en San Miguel de Allende sobre modelos y medidas
especiales que los decoradores de Barrio Latino tenían en su proyecto.

El bar rojo, como ha sido bautizado este simpático rincón, se inspira
en el arte precolombino para desarrollar coloridas figuras que invocan
los Indios de Norteamérica y motivos de la cultura mexicana, formas y
figuras realizadas con corcholatas y clavos! La Idea que el europeo común
se hace de Tex- Mex del sur de los Estados Unidos.
Los apliques,
lamparitas fijadas en la superficie de los muros, fueron realizados sobre
un modelo Luis XVI. Al fondo del local se encuentra un bar decorado a
base de paneles dorados y pintados con motivos étnicos, sobre fondo rojo
laqueado y chocolate. Completan la composición de éstos grecas y lagartos,
y toda una parodia de frescos aztecas con un tinte primitivo-retro-art
naco contrastando con el mobiliario de inspiración Napoleón III!
Cada panel
esta enmarcado en forma brillante: cientos de anillos de puros habanos
entrelazados han servido para darle forma a estos marcos. Ahí esta toda
una época y toda la historia de los habanos de la fábrica de tabacos Don
Joaquín, de la fábrica de tabacos de Banas y López, Los Pártagas, Los
José Gene, los de Calixto López, y esos anillos de puros que nos ofrecen
los retratos y los bustos de Alfonso XIII, de los Reyes de España, de
la Infanta Isabel, del Príncipe de Asturias y de tantos otros que los
coleccionistas se morirían por poseer. En el restaurante se puede comer
por un precio muy razonable. Una comida corrida con un platillo y una
entrada, un postre y un café, cuesta 95 francos. Aumente 40 francos más
con todo y vino. Aquí se puede también pedir ceviche, que no es otra cosa
que un platillo elaborado con pescado crudo marinado en limón, pescados,
carnes o aves.

El Jardin d’hiver, una especie de solario bien protegido, permite a la
clientela comer en un ambiente diferente lleno de charme. Entre plantas,
follaje y palmeras, o cenar bajo las luces de originales y muy decorativas
lámparas en fierro trabajado hábilmente por artesanos de la región. Las
pantallas color violeta, y los muros amarillo y ocre del lugar evocan
otra vez el carácter latino.
El restaurante
anuncia una cocina nuevo estilo latino, pero no nos hagamos ilusiones:
la cocina de Barrio Latino está muy lejos de constituir un descubrimiento
gastronómico. Es sabrosa si uno cae en un buen día del Chef Christian
Bruno, o de su asistente Pascal. Pero nada más. No hay que ir por la comida
que puede considerarse correcta, sino por el establecimiento en sí. Por
su atmósfera, su ambiente, y por el gran espectáculo que es en sí este
lugar. Le recomendamos reservar en fin de semana para evitar el alto riesgo
de no encontrar mesa.
|