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Marco
Antonio
ZEPEDA TUREGANO
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Búsqueda
de espiritualidad en la naturaleza
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Por
Andréa Rodriguez Perez Goñi |

Borregos. 100 x 200 cms. Oleo/tela
l
género paisajístico fue perdiendo importancia en México a partir la segunda
mitad del siglo xx. A fines del siglo xix José María Velasco dejó su pintura
como ejemplo plástico del conocimiento o reconocimiento de su país en
épocas de incertidumbre nacional. A pesar de la escuela que legó, un gran
espacio quedó vacío y fue dejando al género del paisaje relegado a un
subgénero confinado a jardines de arte y escuelas para aficionados.

Valle de Mexico. 70 x 100 cms. Oleo/tela.
En las primeras
décadas del siglo xx otro artista reconocido dentro del género del paisaje,
el Dr. Atl, vio en el paisaje mexicano una solución a la búsqueda de la
identidad mexicana, reflejo de un estudio científico del mismo, dentro
de una muy particular visión y experimentación. Ese tiempo ya pasó, la
identidad nacional no es tema de principal preocupación para el mexicano,
así como la experimentación de la materia en el tema del paisaje. Posiblemente
hayamos perdido sensibilidad ante la naturaleza o simplemente el paisaje
urbano o psicológico nos atraiga más o nos refiera directamente a problemas
que nos atañen de manera personal.

Iztaccihuatl. 70 x 100 cms. Oleo/tela.
El paisaje
y los temas costumbristas de Marco Antonio Zepeda no responden a estos
cuestionamientos de tipo nacionalista, ni a problemáticas actuales, posiblemente
alguna de sus obras, como sus volcanes, nos remita a la búsqueda de espiritualidad
en la naturaleza de los paisajistas ingleses del siglo xix, sin embargo
la presencia de lo “cotidiano” nos hace pensar mas bien en un costumbrismo
como el de una novela de Altamirano. La obra de Zepeda se inserta en un
contexto donde reina la velocidad de la vida contemporánea, donde el paisaje
nos es algo ajeno. Al verlo necesitamos detener el tiempo o volvernos
a principios de siglo para poder apreciar la sencillez de la vida rural.
Así, acercarnos a la obra de Marco Antonio Zepeda, a su ritmo, exige detenernos.
Sin duda hay quienes prefieren ese tiempo y espacio, pero el arte, como
la vida, avanzan de manera acelerada; nuevas experimentaciones aún dentro
del mismo género del paisaje nos aguardan.
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