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Françoise Clouet, La carta amorosa. Oleo/papel/tabla. 1570.

n un museo se guardan las obras y las cosas más elocuentes de los seres humanos. Es función particular, pero no exclusiva, de gobiernos y gobernantes. Actitud loable y ejemplar. Cuando un particular dona su colección, para que además de él se enriquezcan, espiritualmente, sus contemporáneos, ello se convierte en ocasión de júbilo y contento y es doble la gratitud.

Gran pasillo, en donde el arquitecto Rafael Moneo dio soluciones al uso de la luz en espacios espléndidos.

Cuando esas colecciones son únicas en su género, que re-presentan la luz del intelecto, el incendio de la razón, el crisol de emotividades y condensan el ardor del fuego congelado del pensamiento, entonces será cuando el arte habrá cumplido su misión de engrandecer al hombre. Así, los momentos culminantes del ser, en su historia o práctica de sus zozobras y sinsabores, de portento y gloria, son su efemérides dentro del sino de la historia y por ello el museo es el espejo, autorretrato del hombre, actual o antaño: dual, hegemónico, distante, cercano, afín a nosotros o diferente siempre.



Todos los interiores preservan el carácter palaciego de la arquitectura clasicista.

El museo Thyssen-Bornemisza es lo anterior y es mucho más. Son obras de arte reunidas por dos generaciones de la familia Thissen-Bornemisza. La colección original fue adquirida por el Barón Heinrich y enriquecida y complementada por su hijo Hans Heinrich, el actual Barón Thyssen-Bornemisza. El gobierno español llegó a un acuerdo, en 1988, para que esta colección estuviera en préstamo, en Madrid, durante un período de nueve años y medio. El Palacio de Villahermosa, acondicionado, se destinó para ser su sede.



La fachada del Palacio de Villahermosa es un ejemplo de la arquitectura neoclásica de finales del siglo XVIII e inicios del XIX. La unidad estilística es fundamental en este museo no abrumador, sino con espacios y volumetrías extraordinarias.

La colección está formada por 775 cuadros. El museo abrió sus puertas en 1992. El 21 de julio de 1993 el acuerdo de préstamo se substituyó por otro de cesión definitiva al Estado Español. Una selección de 60 pinturas se exhiben en el Monasterio de Pedralbes de Barcelona. Las 715 pinturas restantes están expuestas en el mencionado Palacio de Villahermosa.

Las salas del museo Thyssen-Bornemisza, fueron acondicionadas por el arquitecto Rafael Moneo.

La colección se montó siguiendo criterios históricos y cronológicos. Ahí se pueden admirar, en salas perfectamente adaptadas, escuelas, tendencias, etc. En la Planta Segunda están los Primitivos Italianos, la Pintura Gótica, los Primitivos Holandeses, el Quatrocento italiano, el Retrato en el Primer Renacimiento. En la Galería Villahermosa los Retratos del siglo XVI, este género era el preferido por el primer Barón Thissen-Bornemisza. Pintura Italiana del siglo XVI, Pintura Alemana del siglo XVI, Pintura Holandesa del mismo siglo, sala de Tiziano, Tintoretto, Bassano y El Greco. Caravaggio y el primer Barroco. Barroco en el siglo XVII, pintura italiana del siglo XVIII, pintura flamenca del siglo XVII. En la Planta Primera se presentan: Pintura Holandesa del siglo XVII: escenas de la Vida Cotidiana, interiores y paisajes. Naturalezas muertas del siglo XVII, pintura del siglo XVIII: del Rococó al Neoclásico. En las salas 29 y 30 pintura norteamericana del siglo XIX, pintura europea del siglo XIX: del Romanticismo al Realismo. Salas 32 y 33 pintura impresionista y postimpresionista, pintura Fauve, pintura Expresionista. En la Planta Baja: Las Vanguardias Experimentales –Picasso, Braque, Cubismo, Leger, Futurismo, Orfismo–. La Síntesis de la Modernidad en Europa y Estados Unidos. Surrealismo Tardío, Tradición figurativa y Pop-Art. En las salas de exposiciones temporales se efectúan exposiciones muy importantes. Hay que recordar la de mármoles de Rodin y la titulada: El Triunfo de Venus.

Ghirlandaio, Retrato de Giovanna Tornabuoni. Tabla. 1488.

La Imagen de la Mujer en la Pintura Veneciana del siglo XVIII. Esta muestra contó con la obra maestra del escultor Antonio Cánova, Las Tres Gracias. Obra propiedad del Victoria y Albert Museum y la National Gallery de Escocia.
Todas las obras del Museo Thyssen-Bornemisza son de altísima calidad y muchas son obras maestras. Es poco frecuente encontrar colecciones tan minuciosamente adquiridas. Y no es un museo abrumador. Todo respira ideales e ideas que se comparten.

 

 

 

Además del buen gusto en la selección existe una cultura y una sensibilidades beneméritas de exaltar y admirar. Ello convierte a este museo en uno de los básicos para aprender: arte y todo lo demás respecto a estética e historia del arte. Obviamente hay preferencias. Eso es indudable e innegable. Este museo, aunque reciente, es de tanta solidez como el del Prado. Por el acervo reunido. Todo ello denota cultura y cuna. Se palpan, se respiran.
Obras como el díptico de la Anunciación de Jan Van Eyck, los retratos de la autoría del Ghirlandaio, Memling, Antonello de Messina y Rafael sacan verdaderamente de nuestras casillas ya que encontramos la esencia y no la superficial imagen del ser. Obras que ponen en duda la certeza de estar frente o no de la misma realidad, como es el caso del Tiziano, del Caravaggio y de José de Ribera que transportan al mundo verdadero de la vida a través de la vida y de la muerte. Obras de Goya, de Homer y Caspar David Friederich ennaltecen el sentimiento romántico y convergen en la poesía, aquella auténtica poiesis clásica. Y qué decir más sobre algunas de las pinturas que mueven a reflexión, contemporáneas, de por ejemplo Edward Hopper o de Francis Bacon.


Retratos del Barón Hans Heinrich Thyssen-Bornemisza y la Baronesa Carmen Cervera Thyssen-Bornemisza debidos al pintor Ricardo Macarrón. Oleos sobre lienzo, 1989.

Todo el arte está ahí como testimonio y legado de la familia Thyssen-Bornemisza. Qué más se puede agregar cuando el silencio del significado adviene como llegará el ángel del destino y el de la muerte? Simplemente nada.

 

 

 

 

 

 

 

 

Hopper, Cuarto de hotel. Oleo sore tela. 1931.
 

Balthus, El juego de cartas.Oleo sobre tela. 1948.
 

Paul Delvaux, Mujer ante el espejo, 1936. Oleo sobre tela
 

 

 

 

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